Portada » Charlas ETP » Bendita la simiente, el vientre y el fruto del vientre

Bendita la simiente, el vientre y el fruto del vientre

Génesis 12:3, Génesis 22:18,  Salmo 127:3-5, Romanos  8:14-17, Deuteronomio 23:2.
Inicio con esto… “Todos somos hijos…”. Desde Génesis 3:15 hasta Apocalipsis 22:21 el plan de salvación de Dios para la humanidad ha sido Jesucristo, Él es el hilo rojo que corre a través de toda la historia, su sangre expiatoria se convirtió en el sacrificio esencial y final para REDIMIR completamente al ser humano.

Ante situaciones adversas, el ser humano busca soluciones inmediatas y nunca queremos ir a la raíz de todos el mal, y si, muchos quieren volverse a Dios, volver a la religión, volver a los rituales religiosos para que de esta manera alcancemos la misericordia de Dios y no seamos atacados por el mal, la enfermedad, la destrucción, la ruina… Tenemos que comenzar a colocar la lupa en la causa, en la raíz y esto nos lleva a que la destrucción del ser humano radia en que “nos hemos alejado de los principios y fundamentos de Dios, hemos comenzado a actuar por lo que creemos que está bien que es contrario a lo que Dios dice en Su Palabra. Por esta razón tenemos que reconocer que la fuerza y los métodos humanos no van a solucionar los problemas y las dificultades que el ser humano afronta en estos tiempos, tenemos que volvernos al Señor con todo nuestro ser y como lo dice Su Palabra en 2 Crónicas 7:14: “Humillarnos delante de Dios, buscar Su rostro y he aquí lo más importante, convertirnos de nuestros malos caminos, entonces El Señor oirá desde los cielos, perdonará nuestros pecados y Sanará nuestra tierra”.

Ahora miremos la condición de nuestra tierra, tu tierra, la que un día el Señor te entregó para que la cuidaras y la labraras, echemos un vistazo a lo que ocurre en las familias de hoy, muchas de ellas están conformadas por viudo(a)s no porque sus cónyuges hayan muerto, sino porque en algún momento fueron abandonado(a)s, agraviado(a)s, deshonrado(a)s, rechazado(a)s, o simplemente declaran a viva voz “esta relación no funcionó, dejando hijo(a)s huérfano(a)s, agraviado(a)s, rechazado(a)s, pensando que esos seres humanos solo tienen valor económico, evadiendo responsabilidades y derramando sobre ellos maldición e iniquidad que de una u otra manera afecta vidas y descendencias futuras”.

Hoy se construyen familias de relaciones sin fundamento se convierten en “compañeros, parejas, amantes“, constituyendo la familia con hijos del uno e hijos del otro, muchos sin ningún grado de responsabilidad, otros asumiendo la carga familiar de la parte que le corresponde, trayendo espíritu de división y por ende con una brecha abierta la cual se convierte en un argumento que usa el enemigo para destruir, otros asumiendo la carga total de la familia con hijastros bastardos, rechazados por sus verdaderos padres generando una hecatombe espiritual.

Veamos lo que dicen las escrituras acerca de todo esto y permitamos que el Señor comience una obra redentora en medio de vidas, hogares, familias y descendencias.

En Deuteronomio 23:2, los hijos concebidos de esta manera (a los hijos concebidos fuera del matrimonio o aquellos que han sido rechazados desde el vientre o aquellos que han sido abandonados o rechazados por sus padres), perpetúan la transferencia de la simiente y de la sangre corrupta y maldita por diez generaciones, diez generaciones es mucho tiempo, es un lapso de por lo menos 400 años. Esta maldición generacional es la más efectiva, y de mayor alcance que cualquier otro plan que el diablo haya utilizado y está utilizando hoy.

¿Qué es un bastardo? Se llama bastardo al hijo nacido fuera del matrimonio o ilegítimo, de padre desconocido (ilegal), rechazados, abandonados, adoptados, criados por otros padres, hijos no nacidos, engendrados a través de incestos.

Dios creó un plan maravilloso para retirar la autoridad de esta maldición para cada generación y cada linaje a través de Jesucristo, el cual nos dio el Espíritu Santo, el Espíritu de adopción, veamos Romanos 8:14-23.

Miremos las consecuencias del espíritu de Bastardía: La maldición de bastardía: La maldición de bastardía comienza en el momento de la concepción ilegitima, la consecuencia es la contaminación espiritual por diez generaciones. El sexo fuera de matrimonio, aunque la pareja se case posteriormente antes que el niño nazca, produce un hijo bastardo, ese niño es la segunda generación de las siguientes diez, si las personas se arrepienten y rompen esa maldición, ellos y el niño por el cual tienen autoridad son liberadas, hoy el espíritu de bastardía reina en el mundo entero, padres que abandonan a sus hijos o no reconocen a sus hijos, estos se convierten en bastardos y la única manera de romper la maldición es redimirlos.

  1. El espíritu de servidumbre (que quiere decir esclavitud). Esclavo a adicciones (sexual, emocional, fármacos).
  2. El espíritu de temor (que es el opuesto a la fe, es incredulidad o ausencia de confianza). Juan 1:12-13. Recibir y creer.
  3. El espíritu de corrupción (maldición e iniquidad). Hebreos 12:7-8, disciplina.
  4. El espíritu de rebeldía. El espíritu de rebeldía no hace ser autosuficientes, empezamos a controlar nuestras vidas, dejando a Dios de lado.

En la Biblia hay una respuesta a través de Jesucristo: “Cristo nos redimió…, la palabra redimir significa librar a una persona de una obligación, de un dolor o de una situación penosa, conseguir la libertad de una persona o sacarla de la esclavitud mediante el pago de un precio, ”Cristo redimió del pecado a la humanidad”.

Escucha las charlas en En iTunes o en Spotify